viernes, abril 22, 2011

Vida lenta o slow: Una nueva forma de funcionar



Todo surgió cuando un conocido gastrónomo italiano, Carlo Petrini organizó una ruidosa manifestación, hace más de dos décadas, en plena Plaza de España en Roma para impedir que se inaugurara un restaurante McDonald’s.
Para un país como Italia, donde la comida es un ritual y una forma de relacionarse, socializar y hasta seducir, la instalación de un restaurante de comida rápida era un insulto.
“Porque la gastronomía forma parte de nuestra identidad cultural. En la naturaleza encontramos la materia prima, pero nosotros, para alimentarnos, transformamos el producto. La cocina es un acto cultural. Pero su reacción no fue en vano. Gracias a ello nació Slow Food, una organización que trabaja para evitar la estandarización del gusto y mantener las tradiciones gastronómicas de los países.
Este movimiento tiene hoy 100 mil asociados en 107 naciones, gente que busca el placer gastronómico, la salud y los ritmos vitales más lentos y meditados.
A juicio de Petrini: “La situación hoy en el mundo es bastante grave. Sobre todo porque la tierra madre padece estrés. Hemos exagerado en el uso de pesticidas y abonos químicos y
la tierra está cansada. Y a eso hay que sumar que cada día perdemos variedades genéticas de frutas, verduras, animales… Hemos extraído demasiado de la naturaleza. Hemos aplicado
la concepción industrial a la agricultura, y ahí está el origen de la preocupante situación actual, una situación que es ambientalmente insostenible. Sí, estamos en peligro”.
Elogio a la Lentitud
Según le confesó al diario El Mundo de España, “hoy los alimentos se fabrican siguiendo los postulados de una suerte de diseño alimentario: a través de aromas, exaltadores del gusto, conservantes, colorantes. Nuestros gustos son manipulados en el interior de los laboratorios. Especialmente los de los niños, que son condicionados. Esto es algo gravísimo en países como Italia, España, Francia o Grecia, lugares mediterráneos donde la cultura alimentaria siempre fue de los agricultores”.
Pero este concepto también creció; muy pronto Carl Honoré, un periodista canadiense que vive en Londres, columnista de varias revistas de importancia publicó su libro famoso, “Elogio a la lentitud”, donde le declaró la guerra al cronómetro para recuperar los ritmos naturales en la familia, el trabajo, la comida y la educación.
“Reemplazar el culto a la velocidad por el culto a la lentitud sería un error”, señala el autor, “propongo dedicar a las cosas el tiempo que merecen. Desacelerar. Como medida de urgencia sugiero apagar el televisor –estamos más de cuatro horas promedio sentado frente a este aparato–, coger un papel y un lápiz; confeccionar una lista de actividades diarias y empezar a tachar las prescindibles. Tememos a la inactividad. Buscamos atajos. Colocamos la cantidad antes que la calidad. Y el movimiento Slow antepone la calidad a la cantidad”.
Califica nuestra era como la “era del furor”, donde el apuro, dice, “hace que la gente esté siempre a punto de explotar; gente normal, buena gente, en un taco, en un transporte, es capaz de enloquecer. Creo que estamos rozando el punto de ruptura. Se nota en los problemas de salud pública –depresión, estrés, ansiedad, obesidad–; en el fracaso de la pareja, en la dificultad para relacionarnos, en el alto absentismo laboral. Y ¿sabe lo peor? Hemos contagiado el virus de la velocidad a los niños. una de las primeras palabras que aprenden es “apúrate”. En nuestra infancia de tiempos desestructurados, inventábamos cuentos y juegos. Ahora la ansiedad infantil es frecuente”.
Movimiento en Chile
Chile no se quedó atrás respecto de este movimiento. Existen varias comunidades seguidoras de estos preceptos, entre las que destaca Slowdown (www.slowdown.cl), creada por Jorge Méndez, empresario uruguayo, que vive hace 14 años en nuestro país. Señala que el grupo nació con el objeto de que la gente “baje un poco el pie del acelerador”. Plantea este concepto como un cambio en la vida, una búsqueda del equilibrio.
Méndez menciona que Chile es uno de los países latinoamericanos más consumidores de fármacos relacionados con el estrés y la depresión. “Uno debe plantearse si sería conveniente hacer un paréntesis en la vida y preguntarse, qué es lo que quiero de la vida: ¿dinero?, ¿poder?, ¿salud?, ¿pasarlo bien?, ¿amistades?, ¿aventuras? e ir priorizando, sin miedo, con el objeto de encontrar la felicidad”, expresó.
Explicó que este movimiento nació junto a un grupo de amigos de varios países, tales como Argentina, Italia, Perú y Chile, y todos se preguntaban (independientemente de su idiosincrasia) por qué tanto aceleramiento, y cómo buscar un equilibrio de vida, donde se conjugue el trabajo, la familia, el deporte, los hobbies, la buena mesa y la salud. “Yo empecé a interiorizarme en el tema y me encontré con un libro llamado “Elogio a la lentitud” de Carl Honoré y le escribí, para preguntarle qué es esto del “slowdown”. Me explicó y comenzamos a hacernos amigos, y hoy estamos haciendo varias cosas juntos; una de las cuales es que pronto daremos una charla en Santiago”.
Cómo Practicar la Vida Slow
  • Desarrollar un pasatiempo o hobby tranquilo.
  • No pretender hacer todo de una vez.
  • Mirar poco el reloj: Los fines de semana levantarse de la cama, respetando los ritmos naturales del sueño, en lugar de poner la alarma.
  • Hacer las compras en un mercado de productos frescos.
  • Comer tranquilo: Saborear la comida, apagar el televisor y disfrutar de la compañía de alguien.
  • En vacaciones: Bajar el ritmo; no intentar conocer o recorrer todo lo que agradaría visitar.
  • Limitar la lista de cosas pendientes: Tomarse el tiempo necesario para las personas y actividades con las que se disfruta.
  • No ver tanta televisión: Hay estudios que indican que las personas ven 8 años de televisión durante toda su vida.
Fuente: Programa "Elige vivir sano". Link:  http://www.eligevivirsano.cl/disfruta-a-tu-familia/vida-lenta-o-slow-una-nueva-forma-de-funcionar

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