El Quijote (capítulo3)

Capítulo 3:
Que trata de la mala suerte del Quijote y de la joven del microbús.

Jorge Carrasco Carrasco tomó el microbús que siempre abordaba para salir de la población en que vivía y que lo llevaba al centro de la ciudad. Cuando subió, como cualquier mortal, pagó y miró dónde podía sentarse. Ya que la opción era sentarse al lado de un hombre o de una mujer, decidió lo más lógico: sentarse al lado de una mujer. Ahora, el proceso mental que seguía era: al lado de qué mujer sentarse. Habían señoras con bolsas, señoritas obesas y otras señoras que cualquiera que las viera dudaría que eran señoras, o señoritas. Sólo había una posibilidad – una hermosa posibilidad - , sentarse al lado de una joven de cabellera rubia y, que al parecer, era legítima – la cabellera -. Se sentó al lado de ella lentamente, parsimoniosamente, casi con respeto. Jorge no había visto bien el rostro de la joven, lo que le daba un poco más de adrenalina a la situación. Ella olía muy bien, lo que para nuestro paladín era casi un afrodisiaco. Él – Jorge – miró de reojo las manos de ella y, en especifico, sus dedos; tratando de imaginar lo que aquel mito popular que escuchó en la película “Sexo con Amor” rezaba. Siguió mirando de reojo a esta hermosa joven rubia, de exquisito aroma y de delgados dedos, cuando se dio cuenta que en su cartera decía: “Vixen”; ¿Sabría ella que “vixen” significaba “zorra”? pensó. Ojalá nunca se hubiera hecho esa pregunta, ya que ideó para sus adentros lo siguiente: “Ella está muy bonita. Voy a preguntarle si es que sabe lo que significa vixen en inglés. De esa manera voy a poder entablar una conversación con ella y bueno...”. Resuelto a hacer lo que había ideado mientras iba sentado junto a la joven, se dirigió a ella preguntándole:
- ¿Sabes que eso es zorra?
Lamentablemente, a nuestro héroe, paladín, defensor de los débiles; con los nervios que sentía no le dio la inteligencia para elaborar una pregunta gramaticalmente más correcta y, sumando, que mientras él hacía la pregunta, el microbús justo frenó y el ruido de los frenos confabularon para que la hermosa joven – que según testigos, en verdad era hermosa - escuchara: ¿Sabes que eres una zorra?. Debido a esta nefasta interpretación que la hermosa joven hizo de la pregunta de nuestro querido y estimado héroe, ella, enfadada le respondió:
- Qué te crees guatón punga, por qué no te mirai al espejo gordo asqueroso. Anda a decirle zorra a tu abuela -. Posteriormente a esto, la joven se puso a gritar: “Auxilio, este gordo asqueroso me toqueteó”. Bastó escuchar eso, para que las señoras, las señoritas y las señoras-señoritas con cara de hombre se pusieran de pie y se dirigieran hacia nuestro pobre paladín, que en esos instantes necesitaba un héroe que lo rescatara. Jorge, con los nervios, veía cómo se acercaban casi en cámara lenta esas furiosas mujeres a darle un castigo que era absolutamente inmerecido. De pronto, escuchó la voz de una mujer que le decía: “Desgraciado, violador, abusador de mujeres. Todos los de tu calaña deberían estar muertos”, junto con esto sintió un montón de golpes que no sabía de dónde venían. Lo único que podía ver eran las carteras, bolsas de las compras y demases que se dirigían a impactar su cuerpo y, más precisamente, su cara. Gracias a la providencia, vino a su mente un refrán que suena gracioso, pero no por eso menos útil: “Soldado que arranca sirve para otra guerra”. Y eso hizo: arrancar. Es que no había otra solución. Por gracia de Dios y de la única virgen que iba quedando en su población la puerta de atrás iba abierta – cosa bastante extraña en nuestra hermosa patria, en donde los choferes de la locomoción colectiva son rígidos al momento de poner en práctica las normas del tránsito -. Pero no la sacó barata nuestro malogrado héroe. Debido a la rapidez de la acción que debió poner en práctica, calló del microbús estrepitosamente quebrándose el antebrazo derecho, la tibia de la pierna izquierda y esguinzandose el tobillo derecho. Mientras él se encontraba en el suelo, las cariñosas señoras le hacían recordar a su madre. Por suerte, el microbús se alejó y con él los problemas para Jorge Carrasco Carrasco, “EL Quijote”.

Comentarios

  1. Anónimo3:35 p.m.

    quien eres enterrador?

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  2. bwrght. va buena tu linea d relatos inspirados en el ingenioso hidalgo.
    trata eso si de ir espaciandola con relatos inspirados en otros libros, asi sera mas "integral" tu editorial.
    eso nomas. saludos.
    ojala no sigas descansando.

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  3. a Panchuko: sí me acuerdo de esa historia. Cómo olvidarla.

    A Pablo: Bueno, igual no se inspira tanto en Don Quijote de la Mancha, sino más bien es un tipo que tiene actitudes quijotescas -a veces.

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  4. No estoy segura de ocmo llegue aquí.. pero leerte me hizo recordar a un viejo migo.
    Saludos

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  5. Anónimo12:35 a.m.

    yapo wn actualiza la wea

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